La organización ecologista Greenpeace ha denunciado públicamente a un pesquero gallego tras documentar lo que considera una grave infracción de la normativa pesquera internacional. Según las imágenes obtenidas por activistas de la organización en aguas del Atlántico, el barco habría capturado ejemplares de tiburón zorro ojón, una especie cuya pesca está prohibida debido a su vulnerabilidad y al preocupante descenso de sus poblaciones.
Los hechos habrían ocurrido en una zona de alta mar situada frente a la costa occidental de África, en el área donde convergen las corrientes de Canarias y Guinea. Se trata de una región especialmente rica en biodiversidad marina y considerada por numerosas organizaciones científicas y conservacionistas como una zona prioritaria para la protección de los océanos.
Según Greenpeace, las imágenes muestran cómo varios ejemplares de tiburón zorro ojón fueron subidos a bordo del pesquero. La normativa vigente establece que, cuando esta especie es capturada accidentalmente, debe ser liberada de inmediato y sin sufrir daños. Sin embargo, la organización sostiene que los animales no fueron devueltos al mar con vida y que se produjeron actuaciones incompatibles con la legislación europea.
Uno de los aspectos más graves de la denuncia es la presunta práctica del denominado finning, consistente en cortar las aletas de los tiburones. Esta práctica está prohibida en la Unión Europea desde hace años debido al enorme sufrimiento que provoca a los animales y al impacto que tiene sobre las poblaciones de tiburones en todo el mundo. Greenpeace asegura haber documentado indicios de que las aletas fueron separadas de los cuerpos antes de que parte de los restos fueran arrojados al mar.
Los tiburones desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas marinos. Como grandes depredadores, ayudan a mantener el equilibrio de las cadenas alimentarias y contribuyen a la salud general de los océanos. Sin embargo, muchas especies atraviesan una situación delicada debido a la sobrepesca, las capturas accidentales y el comercio internacional de aletas. Por ello, la protección de especies vulnerables se ha convertido en una prioridad para numerosas organizaciones de conservación.
Tras la difusión de las imágenes, Greenpeace ha solicitado a las autoridades pesqueras que investiguen los hechos y determinen si se han producido infracciones de la normativa vigente. La organización también reclama un mayor control sobre las actividades que se desarrollan en alta mar, donde la vigilancia resulta más complicada y donde, según denuncian los grupos ecologistas, continúan produciéndose prácticas que amenazan gravemente la biodiversidad marina.
El caso ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la protección efectiva de los océanos y la necesidad de reforzar las medidas de conservación de especies amenazadas. Para los defensores del medio marino, lo ocurrido demuestra que todavía queda mucho trabajo por hacer para garantizar que las normas destinadas a proteger la fauna marina se cumplan de manera efectiva.



